El Dios incomparable y Poderoso – Columna del Pastor Eliseo Merino Molina

“SOBRE TODO PRINCIPADO, Y POTESTAD, Y POTENCIA, Y SEÑORIO, Y TODO NOMBRE QUE SE NOMBRA, NO SOLO EN ESTE SIGLO, MAS AÚN EN EL VENIDERO” EFESIOS 1:21

Dios es incomparable en el sentido absoluto, ningún nombre lo expresa adecuadamente. Su nombre está sobre cualquier otro nombre, (Fil. 2:9) y esto eternamente (Efesios 1:21), porque es el Nombre divino el nombre que no puede ser pronunciado. Cuando le llamamos Dios o Creador, no designamos a Dios en sí mismo, sino su faz, lo que está alrededor porque él es infinitamente otro. No se trata sólo de la impotencia humana, sino de la profundidad inefable de la esencia divina. Sus atributos revelados, sus manifestaciones en el mundo, no son más que evidencia de ello.

Orígenes dice “hablar de Dios, aun en términos precisos, no es riesgo pequeño”, podríamos decir que cuanto más incognoscible es Dios en la trascendencia de su Ser, tanto más experimentable es en su proximidad. Por eso, al buscar a Dios, el hombre es encontrado por Dios; al perseguir su verdad, esta se apodera del hombre y le transporta a su nivel. Encontrar a Dios consiste en buscarle sin cesar. Ver verdaderamente a Dios es no estar nunca harto de desearle. Es “el eternamente buscado”. En otras palabras, no se le encuentra sino buscándole siempre.

La fe es ese sí profundo, grande y sagrado que el hombre pronuncia desde el interior de su ser, en un acto pleno y consciente que está ante un Dios poderoso, innombrable pero accesible. Por su amor el hombre se coloca libre y totalmente en el centro de su voluntad y le hace objeto de su fe. Ahora bien, todo viene de Dios quien hace posible este diálogo gracias a su sabiduría. Por eso, la grandeza de Dios es su nombre, su infinitud, su poder, pero por sobre toda realidad es que Dios se ha atrevido a dialogar con el hombre y darle la oportunidad de conocer su amor.

Por eso la razón y lo inmensurable está en Dios quién toma la decisión de hacerse hombre. Ahora bien, la razón profunda no viene del hombre, sino de Dios, de su deseo de hacerse hombre y participar de la humanidad. En la idea de Irineo y Atanasio: “Dios creó el mundo para hacerse hombre en él y para que el hombre conozca las condiciones de la existencia divina. Tal como lo dijo Jesús: “Vendremos a él y haremos morada en él” (Jn. 14:23). En su Consejo, Dios decide unirse con el ser humano para dignificarlo aún por encima de la curva de la caída entregando perdón y salvación. Como se dijo en Nicea; “por nosotros, los hombres y por nuestra salvación”. Según Pablo, es “una sabiduría divina, misteriosa, oculta, que Dios predestinó para nuestra gloria antes de los siglos” (1 Cor., 2, 7).

Dios es el Padre todopoderoso. Su paternidad y su poder se manifiestan en correcta armonía. Muestra, en efecto, su omnipotencia paternal por la manera como cuida de nuestras necesidades (cf. Mt 6,32); por su cuidado infinito que nos da (“Yo seré para vosotros padre, y vosotros seréis para mí hijos e hijas, dice el Señor todopoderoso”: 2 Co 6,18); por su misericordia infinita, muestra su poder en el más alto grado en favor nuestro.

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